Nueva Zelanda

En la tierra de los maorís 

No conozco a nadie que el simple acto de mencionar el nombre de Nueva Zelanda no le haga soñar con una tierra desconocida, alejada de “nuestro mundo” y llena de misterio. Desde que tengo uso de razón he querido visitar este país. No sé por qué. A lo mejor por estar tan lejos, aislados del resto del mundo, pero siempre pensaba que los Kiwis eran gente hospitalaria, amantes de la naturaleza y que disfrutaban de las oportunidades que la misma ofrece. Si algo tenía claro al iniciar esta locura, que algunos llaman viaje y yo experiencia vital, era que quería y tenía que visitar Nueva Zelanda.

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La Gran Evasión apuesta por acercarte a destinos soñados y que los vivas como una experiencia vital y enriquecedora. Este país es un lugar perfecto a tales efectos.

A bote pronto cuando la gente piensa en Nueva Zelanda lo asocia a los maorís, su cultura, su danza (la hakka, el rito iniciático de los maorís y su grito de guerra) y por supuesto a los casi imbatibles All Blacks. El rugby es ahí mucho más que un deporte, una religión. Quien viaje lo percibirá nada más bajarse del avión.

En primer lugar Aotearoa, Nueva Zelanda en maorí, significa “la tierra de la gran nube blanca”. Me parece un nombre muy poético y que plasma la magia de este país y se asemeja a lo que pude constatar en esa época del año. Nubes blancas, que se vuelven en un instante amenazadoras, que protegen y sobrevuelan unas montañas imponentes. Leí un proverbio maorí, “he aha te mea nui o te ao he tangata”, que si bien puede parecer un tópico, no está exento de razón”. Pues eso que “lo más importante en el mundo son sus gentes”. En los tiempos que corren los políticos, de la clase e ideología que sea, focalizan sus acciones en el plano económico en detrimento de lo social. Nueva Zelanda en su día fue conocida como el “laboratorio social del mundo” ya que entre otras cosas fueron los primeros en permitir el voto a las mujeres e instaurar el sistema de pensiones. También leí, no lo sabía, que ahí fue donde los espías franceses hundieron el Rainbow Warrior, el mítico barco de Greenpeace y símbolo de la lucha antinuclear. Me atrevo a afirmar que posiblemente no hay otro lugar en el mundo donde se aprecie mejor el poderío y fuerza de la naturaleza y donde la misma tenga tanta importancia en el quehacer de sus habitantes. Muchísima gente vive de la ganadería y todos aprovechan las oportunidades que brinda el país para hacer trekking, esquiar, surfear, hacer kayak etc.

Nueva Zelanda se divide en dos islas: Norte y Sur. La Gran Evasión desembarcó en Auckland, situada en la Isla Norte y capital del país. Llegué de madrugada pero me quedé unas horas en el aeropuerto, esperando el vuelo de Melbourne. En el mismo viajaban dos personajes ilustres y amigos de aventuras: Marçal y Helena.

Prácticamente los dos primeros días los consagramos a cuestiones logísticas: alquilar una furgoneta-casa con la cual nos moveríamos de Norte a Sur, comprar víveres para el viaje y lo más importante, abrigarme. Llegamos a finales del invierno austral, bueno en primavera, pero hacía un frio que pelaba.

Finalizada las gestiones emprendimos la ruta hacia la Península de Coramandel. Nada más salir de Auckland uno empieza a exclamar todo tipo de signos de exclamación. El paisaje ya es impresionante, al menos para un madrileño como yo nada acostumbrado a ver prados y verde. La Península de Coramandel está salpicada de pequeñas colinas. No quería mencionar la película el Señor de los Anillos, porque el país es fascinante y existe antes que la peli, pero es lo más parecido a la comarca. No fuimos, pero cerca están los estudios de Hobbit Town.

Donde sí estuvimos fue en la costa. El clima era duro, con lluvia, frío y viento. De todos modos uno se topa con la Hot Beach. Si se cava un agujero en la arena, a causa del terreno y de las aguas termales que fluyen bajo tierra, puede estar, a pesar del frio, como en una sauna en medio del mar. Tengo que confesaros que no lo hicimos pero nos fuimos de caminata por la costa hasta la Cathedral Cave. Es lo más parecido que he visto a la Playa de las Catedrales de Ribadeo.

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Desde ahí tiramos hacia Rotorua, cuna y bastión de la cultura maorí, territorio lleno de volcanes y paraíso para los geólogos. Visitamos una aldea donde los maorís cohabitan con los volcanes y las aguas termales. Es fascinante presenciar cómo utilizan los recursos naturales y el calor que emana de la tierra para cocinar, bañarse e incluso para usar los gases como combustible.

Uno de los lugares más impresionantes es Wai-O-Tapu, una especie de valle lleno de cuevas y cráteres. Los hay de todo tipo y forma: ostra, la cueva del diablo etc. Los pigmentos en el lago son impresionantes, asemejándose a la paleta de un pintor. El vapor, las nubes, las montañas, el color del agua a causa del sinfín de minerales combinan a la perfección convirtiendo el lugar en algo fascinante. Encima uno puede pasearse en el casi más completo anonimato. ¡Ventajas de viajar en esa época del año!

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La siguiente etapa en nuestro periplo por el norte fue el Parque Natural de Tongariro, coronado por el Monte Ruapehu. No sé cómo explicar la vegetación que rodea este valle y gran parte del país. Todo tipo de árboles y plantas conviven en armonía (pinos, sauces, chopos, helechos, y musgo, musgo por todas partes) aunque parecen insignificantes ante la inmensidad del territorio.

Al día siguiente, ya con un tiempo digno de Mordor, nos paseamos por las faldas de la montaña. Los treks de los alrededores son preciosos: combinación de bosques con espacios abiertos donde uno se siente en total libertad, solo en medio de naturaleza y rodeado de cascadas, riachuelos y de una plaga de matojos llenos de musgos.

Al levantarnos, ante nuestra sorpresa, comprobamos que todo el camping y las laderas estaban rodeadas por un manto blanco. Ante tal panorama Marçal y Helena intentaron esquiar pero la estación estaba cerrada por fuertes vientos.

Uno de los lugares más bonitos del norte es la conocida como Forgotten Highway, que lleva hasta las faldas del Teranaki. No recuerdo el kilometraje pero se rodea valles y valles con la sola compañía durante horas de ovejas, caballos, vacas que pastan en silencio. Durante el trayecto escuchamos mucha música y, entre otros, un clásico que viene que ni pintado. Simon y Garfunkel: The Sounds of Silence.

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Una de las ventajas de viajar en caravana,  en definitiva vivir en ella, es que se puede parar donde se quiera. En Nueva Zelanda, con esos paisajes, es un lujo poder elegir lugares aislados y comer al borde de un lago, en medio de un acantilado, rodeado de montañas. Se pare donde se pare uno no se sentirá defraudado.

La única desilusión fue que al llegar a Setford, al estar nublado, no pudimos contemplar la fuerza del Monte Teranaki. No se puede tener todo pero, lo dicho, lo mejor es recorrer el país dejándose sorprender en cada curva, cada valle.

Otra carretera mítica es la 45, la Surf Highway. Bordea el Mar de Tasmania pasando por spots de surf. El mar en esa época suele estar muy picado pero los surfistas no se amedrentan ante la fiereza de las olas. Ahí se avistan playas desérticas…como si uno va al Sur de Francia en invierno. Arena, en este caso negra, casi volcánica, olas, viento y viento… y ¿alrededor? Lo habéis adivinado: hierba, vacas, ovejas etc.

Después partimos hacia Wellington. Aunque suene inverosímil es como León porque son sus antípodas. Ahí no hay morcillas, ni croquetas, ni vino. Bueno vino sí. Es curioso ya que son dos ciudades antagónicas. Una de interior y otra mirando al mar o al Océano Pacífico.

La Isla Norte cautivó a La Gran Evasión. Es como Irlanda, Escocia juntas y multiplicado por mil. No sé, a mi edad estos sitios hacen soñar con la jubilación. Entre Sídney y esto tengo claro que la calidad de vida se encuentra en nuestras antípodas.

Tras recorrer esta parte del país La Gran Evasión se fue, furgoneta incluida, en ferry hacia la Isla Sur. Os adelanto que está repleta de atractivos: valles, montañas como el Cook, fiordos y para los amantes de la adrenalina es cuna de los deportes de riesgo.

Si queréis saber más de este país, ¡contactad con La Gran Evasión!