Francia

con Neil Young

Si se piensa fríamente hay muchos factores o variables que entran en juego a la hora de planificar un viaje o simplemente visitar un país. Si cada uno hiciese el ejercicio, el resultado sería muy distinto.

Neil YoungPongamos un ejemplo para ilustrar esta singular reflexión. Lo primero que hay que hacer es elegir un país. Sin dudarlo y de forma espontánea La Gran Evasión se ha decantado por nuestros vecinos del norte. Mal ejemplo dada la proximidad y las numerosas veces que La Gran Evasión ha visitado Francia. De viaje de esquí con el Liceo; con la familia de vacaciones; a surfear; para visitar a una novia francesa; por trabajo; de interrail; a ver amigos; a correr un maratón; de escapada de fin de semana y para asistir a conciertos, una de las grandes pasiones de La Gran Evasión.

La lista podría continuar pero pensándolo bien no es casualidad que en dos ocasiones visitase Francia para ver al inigualable Neil Young. Siempre he sentido admiración por este cantautor canadiense, nacido en Ontario y criado en Winnipeg. Analizando algunas de las últimas giras europeas de Neil Young las mismas no han pasado por España. ¿Falta de visión estratégica por parte de los promotores musicales?, ¿la crisis económica?, ¿carencia de salas pequeñas o teatros para albergar las giras en solitario?.

Sea como fuese, en dos ocasiones La Gran Evasión cruzó la frontera y se fue a Francia escuchar a uno de los mejores artistas de nuestros tiempos.

El bautizo se produjo allá por 2008, en el Grand Rex de París, y el año pasado en otro marco incomparable como Les Arenes de Nimes, anfiteatro romano en el pasado y sobre todo coso taurino en la actualidad. Dos viajes distintos; dos ciudades antagónicas a la par que maravillosas; dos formatos de concierto peculiares; dos bandas de apoyo pero un mismo denominador. La excelencia del protagonista. Entre ambos conciertos pasaron cinco años y por el camino le pudimos ver en dos ocasiones más, en sendos festivales en territorio patrio, y sin lugar a duda y será deformación profesional o ganas de viajar pero los dos shows franceses fueron infinitamente mejores. Quien haya visto un concierto de Neil Young sabe que nunca defrauda y el listón es cada vez más alto. Como los vinos, Neil Young mejora con el tiempo. ¿Habrá hecho un pacto con el diablo o simplemente el talento no entiende de años?.

Con Neil en París

En febrero 2008 junto a mi hermano y Ferdy Breton, amigo de La Gran Evasión y bajista de los getxotarras Smile, llegamos a París con la ilusión de dejarnos seducir y sorprender por un artista igual de fiable, mágico y brutal en las distancias cortas como en las largas. La ventaja de la gira “Chrome Dreams Continental Tour” era que los shows se dividían en dos partes, acústica y eléctrica. Un teatro como el Grand Rex es el lugar soñado para ver a Neil Young por primera vez en sus dos versiones. Doctor Jekyll y Míster Hyde, dulce y agresivo, intimista y desgarrador.

cartel concierto ParisDurante la primera parte del set, tras los primeros aplausos al principio de cada canción, el silencio era sepulcral y desde el balcón se oía el rasgar de la guitarra, se tenía la impresión que uno estaba solo, en un concierto privado. Esa fue mi sensación cuando de repente apareció en escena un gigantón, vestido con traje, con aires desgarbados pero con la firmeza y seguridad que da dominar la escena y saber que tiene duende y capacidad de hechizo. ¿Quién puede superar un arranque de concierto mejor que tocando “From Hank To Hendrix”? Han pasado más de cinco años y esa sensación de embelesamiento perdura. Da igual el repertorio, un set acústico de Neil Young es inolvidable. “Try”, “Journey Through The Past”; “Harvest”, “After The Gold Rush”. ¡Da igual! Las canciones son lo de menos, lo importante son las sensaciones que provocan escucharlas y ahí Neil Young no tiene rival.

Nunca olvidaré los comentarios y la cara de éxtasis de la  audiencia en el descanso y el comentario de Nico al regresar a nuestra localidad “¡Ahora vamos a alucinar!”. Los hermanos mayores siempre tienen razón. Aquella noche casi arde y se desploma el Grand Rex. Desde el inició con Mr. Soul hasta que cerró el concierto con The Sultan asistimos a un seísmo sonoro. ¡Tal cual!

No era la primera ni la última vez que La Gran Evasión viajó a París pero para el recuerdo queda ese concierto. Pero la capital francesa es mucho más y se puede disfrutar de mil maneras.

Y con los Crazy Horse en Nimes

Pasaron cinco años y tras infinidad de rumores Neil Young no se dejó caer aquel verano por España. No quería y no podía perderme la que era posiblemente una de las últimas oportunidades de ver al genio canadiense y encima con la compañía de los Crazy Horse. Veinte seis años más tarde Neil y sus caballos volvían a Nimes.  Concierto en Nimes
En este mismo escenario se rodó uno de los mejores documentales de rock de la historia: The Year Of The Horse. La película filmada por Jim Jarmush cuenta en clave intimista la gira de Neil Young y los Crazy Horse.

Si en París me cautivó su set acústico y luego esas ráfagas de guitarras en Nimes no hubo casi tiempo para el descanso. Ver a los Crazy Horse es como asistir a un tiroteo. Guitarras, distorsión y todo amenizado por esa voz de angelical. Uno de los momentos del concierto fue “Powderfinger”, y ese interminable  “Walk Like A Giant”.

Cuando pensaba que el concierto era inmejorable, tras dos horas y pico para el recuerdo me dio por gritar “Everybody Knows…”. Intuición, deseo, casualidad. En esta ocasión acerté. La vida no es un camino de rosas y en ocasiones es incluso una mierda pero está llena de esos pequeños momentos. Etéreos pero mágicos.

Nunca entenderé por qué la gente no se limita a disfrutar de los conciertos en lugar de grabarlos. En cualquier caso gracias quien fuera que grabase la totalidad del concierto. Neil Young en plena acción el 17 de julio. Magia y clase a partes iguales.

Concierto en Nimes

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