Malasia

Tocando el cielo en Borneo

Borneo es una de las islas más grandes del mundo, con la particularidad que la misma pertenece a dos países: Indonesia, la parte más grande, y Malasia. El Borneo Malayo, a su vez, se divide en dos grandes regiones: Sarawak y Sabah, quedando en medio el sultanato de Brunéi.

La Gran Evasión recorrió Sabah. La vía de entrada más sencilla desde Kuala Lumpur es volar hasta Kota Kinabalu, también conocida como KK. El principal reclamo para los amantes de la naturaleza no es otro que ascender el Monte Kinabalu. La montaña, con una altura de 4.095 m, se encuentra dentro del Parque Natural del Monte Kinabalu, declarado como Patrimonio Mundial de la Humanidad.

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Fruto de su fama y éxito, el Kinabalu se ha convertido en lugar muy visitado pero, aunque existen alojamientos fuera, la gestión dentro del parque recae en una misma empresa, lo que encarece los precios. Al margen de que se pernocte o no, es obligatorio ascender con guía. Así son las reglas.

Una opción muy recomendable es compartir guía, lo que hace amena la ascensión y reduce costes. La Gran Evasión, tuvo suerte y me uní a un grupo de cinco canadienses francoparlantes, pudiendo practicar así el “francés de Quebec”. Si bien fui al Liceo Francés, no es tan sencillo adaptarse al nasal acento québécois.

La ascensión al Kinabalu dura dos días pero es posible realizarla en un solo día si no se quiere ver a toda costa el amanecer.

La primera parte de la caminata, los seis primeros kilómetros hasta el campo base, constituye un auténtico rompe piernas, subiendo escalones sin pausa, en medio un bosque tropical.

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Al menos, como premio, el entorno es fastuoso. La biodiversidad de la flora no tiene parangón. En la parte inicial se pueden encontrar plantas carnívoras, incluso la rafflesia, la flor más grande del mundo… La gran diversidad vegetal es el hábitat soñado para los animales, ardillas y alrededor de 300 especies de pájaros, destacando el cálao rinoceronte “ Buceros rhinoceros”.

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Tras horas de caminata, cuando se atisba el campo base, se percibe por primera vez el horizonte, el cual emerge con fuerza y rabia. Las vistas son preciosas y los azules se combinan con una maestría y una intensidad sin igual. Tras una larga jornada se llega al refugio, situado a unos no despreciables 3.323 m.

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Si se quiere contemplar el amanecer desde la cumbre es indispensable madrugar y emprender la marcha de noche, con frontal y convenientemente abrigado, sin olvidar los guantes. Aún madrugando, obligamos a nuestro jovencito, inexperto y desmotivado guía, a salir los últimos a eso de las 3,45h de la madrugada en lugar de las tres. Buen consejo ya que se puede escalar solos y sin seguir un rebaño de frontales.

La subida es exigente aunque se cuenta, en algunos tramos, con la ayuda de una cordada a la que es mejor agarrarse. De madrugada, a 4.000 m, soplaba mucho viento por lo que se nota más el esfuerzo y cuesta más avanzar. En este segundo día el entorno cambia por completo y se asemeja a una zona alpina con coníferas, plantas como las orquídeas, brezo, helecho…

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De todos modos, aunque subimos a un buen ritmo, nos lo tomamos con más calma que el inigualable amo de las montañas, Kilian Jornet. El atleta español atesora todos los récords de subida a las principales montañas del mundo. El Kinabalu tampoco se le resiste y en su día tardó únicamente 2, 37h en una carrera cuesta arriba de 21 kilómetros. ¡Se dice pronto!

Al margen del ritmo, de lo que se tarde en llegar, de la modalidad de ascensión -existe también una Vía Ferrata- el premio es el mismo. Unas vistas de ensueño y la enorme satisfacción de haber hecho cumbre en el pico más alto de Borneo y de haber recorrido un paisaje tropical y posteriormente lunar.

La Gran Evasión recomienda ascender al Kinabalu pero poneos en forma e intentad subir y bajar el mismo día. Aunque no veáis el amanecer desde la cumbre, vuestro bolsillo lo agradecerá.

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Tras unos días de montaña y deporte me dirigí hacia Sepilok, en el este de Sabah, para visitar una reserva de orangutanes. Sobre gustos no suele haber nada escrito pero si vais por estos lares es más que recomendable pernoctar en el Paganakan Dii Lodge.

¿Qué decir del Centro de Rehabilitación de Orangutanes? Partiendo de la base de que se trata de un centro de rehabilitación y que los animales no se encuentran en plena naturaleza. Aún careciendo del encanto de otro lugares como Bukit Lawang, en Sumatra, puede resultar interesante visitar el centro aunque hay demasiados turistas y en ocasiones la escena parece más a un circo, donde acuden los orangutanes “ personas de la selva” a comer.

Cerca de ahí se encuentra el Rainforest Discovery Centre. Una reserva forestal donde se puede observar todo tipo de flora y, sobre todo, caminar por el cielo, contemplando el paisaje a unos 15 m de altura. Las plataformas son seguras y estables para aquellos que normalmente tengan vértigo.

Tras esa mañana de fauna y flora La Gran Evasión se fue rumbo a Sukau, pequeña aldea y uno de las vías de entrada del Sungai Kinabatangan, el río más largo de Sabah. Sukau es uno de esos lugares que uno busca cuando viaja largo tiempo. Lo que algunos llamarían un lugar perdido, para otros es un bálsamo de tranquilidad. En esa pequeña aldea el tiempo se detiene. La Gran Evasión pasó las horas caminando en paralelo a la jungla y embarcándose en cruceros fluviales de fauna salvaje.

De nuevo era hora de madrugar. A las 6 a. m. estaba listo y esperando al bote. Despierto es otra historia. Las legañas no impidieron que avistásemos cocodrilos, todo tipo de pájaros, lagartos, parecidos según parece a los de Komodo, y esta vez orangutanes. En plural, en estado puro, en libertad, encima de la copa de los árboles y no en una plataforma. Incluso es posible ver imponentes y elegantes elefantes.

Paradójicamente las llanuras de los ríos, en particular el Kinabatangan, se han convertido en lugar seguro, de descanso, para los animales que forzosamente han perdido su hábitat natural por la tala masiva y el auge indiscriminado de las plantaciones de palma que inundan el país y están provocando la destrucción de los bosques lluviosos.

De todos modos, nunca mejor dicho, es la búsqueda lo que importa. Recorrer el río, al más puro estilo Apocalypse Now, envueltos por la bruma, en búsqueda de lo desconocido resulta evocador y constituye una experiencia inigualable y aconsejable.

De vuelta a Kota Kinabalu el viajero puede relejarse en algunas de las cinco islas cercanas que conforman el Parque Tunku Abdul Rahman. Mamutik, una de ellas, es un lugar de descanso para los locales, si bien está atestada de gente los fines de semana. Inmerso en el agua, me invadió un sentimiento inmenso de felicidad, dándome cuenta, ahí bajo mar, que estaba disfrutando de mi proyecto y anhelaba seguir viajando.

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¡Disfrutar de la vida y olvidarse de las preocupaciones! Esta es buen máxima y La Gran Evasión teinvita a lograr este objetivo. ¡ Contacta La Gran Evasión y descubre este país y esta región!