Uruguay

En tierra de charrúas

Hace tiempo, allá a fines del s. XIX y durante el mandato de José Batlle y Ordoñez, el país fue conocido por su bienestar como la Suiza de Sudamérica. Muchos años más tarde el actual presidente, el atípico y poco convencional José Mújica, dijo en una ocasión “ me gustan los Alpes y las montañas, pero no me gustan los relojes y menos los bancos”. Esta frase no exenta de ironía sirve para buscar otra definición de esta nación fronteriza con dos gigantes como Argentina o Brasil.

Popularmente Uruguay es conocida como la tierra de los charrúas. ¿Pero quiénes eran esa gente? Este término se usaba para mencionar a un pueblo nómada que se asentó en el actual Uruguay dedicándose a la pesca y a la caza. Tuvieron fama de valientes y feroces en la batalla de ahí que se ha acuñado entre los uruguayos la expresión “garra charrúa”.

Al borde del río de la Plata, a una horita en barco de Buenos Aires, se encuentra un pintoresco, hermoso y mágico lugar: Colonia del Sacramento. Colonia, como se la conoce coloquialmente, transmite paz y es un destino ideal tras la frenética capital argentina. No se pierde la magia.

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Este rincón, con sus calles adoquinadas, los restos del fuerte, la muralla, el faro y casitas con patios hermosos y floridos, se ha convertido en un reclamo turístico pero sigue conservando íntegramente su alma. Ahí el viajero se encontrará como atrapado en el tiempo, inmerso en el pasado.

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Hablando de historia, Colonia es considerado el primer asentamiento europeo en Uruguay siendo fundado por los portugueses, bajo el liderazgo del maestre de campo Don Manuel Lobo, en 1680. Portugal quería crear un enclave comercial pero por su valor estratégico fue fruto de la disputa y un conflicto centenario entre España y Portugal.

El verdadero atractivo de Colonia es su barrio histórico, declarado en 1995 como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, al cual se accede por el Portón de Campo, símbolo de la ciudad y que conserva restos de la antigua muralla y del viejo puente levadizo.

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La Gran Evasión recomienda guardar en el bolsillo cualquier mapa que tengáis, guiarse por su instinto y perderse por este bucólico lugar. En cualquier caso, el éxito y la fascinación está asegurada.

El barrio histórico está inundado de angostas callejuelas rodeadas de casas coloniales de estuco y techos de tejas a dos y tres aguas, ornamentadas con flores y vigorosas madreselvas.

Una calle con alma, evocadora y con nombre poético es la de los Suspiros. Esta pintoresca, estrecha, desnivelada calle, pavimentada con piedras de cuña tiene duende y esconde un sinfín de leyendas. La más aceptada gira en torno a una joven mujer enamorada que mientras esperaba a su amado fue apuñalada por un misterioso señor enmascarado y antes de morir solo se escuchó un desgarrador suspiro de adiós y desaliento.

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En Colonia se percibe la impronta portuguesa, el pasado colonial, en cada rincón: iglesias con fachadas de azulejos; tiendas de artesanía; el museo portugués…

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La Gran Evasión encontró su sitio en Colonia y pasó varios días paseando, contemplando las vistas desde el faro, siendo testigo del rodaje de una película de época, tomando el aperitivo en una de las múltiples terracitas con sillas vetustas que se encuentra el viajero.

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De todos modos el principal divertimento es departir con la sencilla y afable gente local, aceptando su invitación a probar el mate, la bebida nacional. Uruguay es el mayor consumidor del mundo per capita. Es fascinante contemplar y ser parte de este expandido ritual. Todo el mundo se pasea con su termo de agua caliente, su hierba, el pertinente recipiente- comúnmente llamado mate- y la bombilla, normalmente de metal, para poder absorber y beber.

Los uruguayos comporten otra afición o culto con sus vecinos argentinos: el asado. Aquellos que no tengan tanta hambre pueden matar el gusanillo adquiriendo un “chivito” -bocadillo de carne de ternera o res- en alguno de los chiringuitos, callejeros que pueblan Colonia o cualquier otra ciudad de Uruguay.

Aunque el país tenga muchos atractivos es recomendable visitar Montevideo. La capital no es una ciudad al uso ya que es pequeña y no se percibe, o eso parece, el ritmo frenético de otras urbes.

Una buena zona para alojarse, en pleno centro, es la Plaza de la Independencia, coronada por una escultura en tributo al héroe local Artigas. Enfrente el viajero se topa con el fabuloso Palacio Salvo, edificio de 26 pisos que en su día fue el más alto de toda Sudamérica. ¡Cómo cambian las cosas!

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La Ciudad Vieja tiene alma propia: librerías, cafés de bohemia, el teatro Solís, galerías o museos como el que rinde homenaje al artista uruguayo de artes plásticas Joaquín Torres García.

Para aquellos amantes de la marcha y de los paseos es interesante recorrer el malecón, localmente conocido como las Ramblas, donde acuden los montevideanos a hacer deporte e incluso pescar.

Un rincón con encanto es el mercado del Puerto, declarado Monumento Histórico Nacional. Todo el mundo tiene su hueco: aquellos que quieran curiosear y contemplar el trabajo de artistas plásticos, aquellos con ganas de probar la gastronomía local… y todo amenizado por la al arte de músicos o cantantes callejeros.

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Otra posibilidad es escuchar los “piques” o pistas de los montevideanos y visitar alguno de los muchos y recónditos rincones con alma charrúa. Uno de ellos es el Santa Catalina. Una casa de comidas, de las de toda la vida. Nada sofisticada pero ideal para sentirse en el autentico Montevideo.

Uruguay tiene su propia identidad y lucha con criterio, orgullo y clase con sus dos vecinos. Los colosos Brasil y Argentina. Y en cierto modo les ganan en momentos puntuales ahí donde más les duele. En el fútbol. Uruguay fue el artífice del famoso Maracanazo ganando a la Canarinha la final del mundial del 50. ¿Quién no recuerda el famoso gol de Ghiggia? No hace tanto se proclamó campeón de la Copa de América celebrada en Argentina.

¡Contactad con La Gran Evasión! ¡Y sobre todo visitad este pequeño pero hermoso país! Aquí hay tiempo para todo: volver al pasado visitando Colonia, tomar el pulso a la infravalorada Montevideo, recorrer la costa atlántica…