Perú

El legado del Imperio Inca

Si a lo largo de la historia hubo un imperio que dejó su impronta este fue el Inca. Visionarios, astrólogos, pioneros de la arquitectura moderna y a la postre primeros urbanistas, se hicieron fuertes sobre las cenizas de un territorio en otra hora amenazado por los chancas. En gran parte gracias a Pachacutec, quien expulsó de Cuzco a la tribu chanca iniciando así el apogeo de un imperio que abarcó gran parte del actual Ecuador, Colombia…

La codicia ajena y las luchas internas entre dos hijos del Inca Huayanac fueron la mecha para el declive del Imperio. Bueno eso y las ganas de expansión de los españoles que vieron en esta región, rica en recursos naturales, la gallina de los huevos de oros y aniquilaron así, por las buenas, a demasiados indígenas incluido a Atahualpa. El último Inca, asesinado bajo órdenes de Pizarro.

La Gran Evasión se instaló en Cuzco (diga quien pueda Qosq’o en quechua). Sin lugar a dudas una de las ciudades con más encanto, mejor situadas y que ofrece más posibilidades de las que he visitado. Pude leer que Qosq’o representa o significa en quechua “el ombligo de la tierra”. Ya entiendo por qué es la ciudad habitada más antigua del continente. Como os imagináis hay mucho que ver y hacer. “Mine de rien” entre la ciudad en sí misma, el Valle Sagrado y Machu Picchu, la joya de la corona y sin discusión una de las maravillas del mundo, La Gran Evasión pasó más de una semana en esta zona del Perú.

El orden de los factores no altera el producto por lo que La Gran Evasión os invita a descubrir y revivir Cuzco y sus alrededores.

Cuzco: Es ejemplo de la fusión, impuesta pero al fin al cabo mestizaje, entre la cultura Inca e Hispánica. Lo mejor es dejarse perder y deambular por sus calles adoquinadas, angostas y en ocasiones terriblemente empinadas. En poco tiempo se puede pasar al lado de las murallas incas y al poco tiempo aparecer en plena arteria de la ciudad, la Plaza de Armas. Lo mejor es que lo descubráis por vosotros mismos pero las opciones son enormes: la Iglesia de la Compañía de Jesús, la de Jesús María, la del Triunfo, la Catedral… Esta última bien merece una visita y es el mejor exponente de la escuela cusqueña y, por ende, de la fusión entre la cultura prehispánica y virreinal. Es curioso contemplar esta conexión y como los artistas interpretaban la religión añadiendo y rindiendo homenaje a la cultura andina. Un ejemplo es el cuy que aparece representado en el cuadro la Última cena del pintor Marco Zapata.

Catedral de Cuzco

Lo mejor es perderse por esa encantadora y enigmática ciudad. Visitad el mercado, escalad hasta el barrio alto o de los artistas. La Gran Evasión optó por hospedarse en ese singular y bohemio barrio: San Blas. Altamente recomendable y más barato que el resto de la ciudad.

Actividades en Cuzco las hay pues de todo tipo y condición pero la que es común a todo el mundo es la de planificar y organizar una visita a Machu Picchu. Me debatía entre hacerlo por mi cuenta o caminar durante varios días finalizando en “beauté” en el Machu Picchu. En caso de optar por una excursión a pie, las posibilidades son enormes aunque casi todo el mundo prefiere el famoso Camino Inca. La Gran Evasión os recomienda explorar otras rutas que son incluso más hermosas, requieren mucha menos planificación, están menos transitadas y encima son mucho más económicas.

El Circuito Salkantay (5 días- 4 noches): Tras pelear y negociar el precio me embarqué en un trek precioso, no demasiado exigente salvo que se padezca o sufra de mal de altura. El camino discurre por valles, pasos de montaña, bordeando al final la vía del tren hasta llegar a Aguas Calientes. Puerta de entrada o mejor dicho de subida al Machu Picchu.

El primer día del trek fue de mera toma de contacto y aclimatación. Tras desplazarnos por carretera desde Cuzco a Mollapata empezamos a andar. Sin prisas pero con pausas. El camino, aunque no es excesivamente duro, discurre entre valles.Tuve suerte y, al contrario que algún compañero del grupo, no sufrí los estragos del mal de altura. Ventajas de estar en la región hace tiempo y aclimatado. Pasamos la noche en un campamento, a casi 3.500 m de altura.

Al día siguiente nos dirigimos hacia Chilca. Con diferencia, la jornada más exigente, larga y dura. El clima fue benigno con nosotros porque en ocasiones, más en esa época del año, llueve bastante e incluso uno puede verse en la tesitura de tener que abortar la misión. Se atraviesa el Abra Salkantay, imponente y mágica montaña a 4.600 m. Era el momento de descansar y hermanarse con la naturaleza y dar las gracias a la Madre Tierra, la Pachamama. Al fin y al cabo, como dijo en su día el Gran Jefe Sioux cuando el gobierno americano les quería forzar a abandonar y vender sus tierras, “nosotros somos parte de la tierra”. Suene a tópico o no, es una verdad como un templo. La tierra no nos pertenece y hay que respetarla. Encima la biodiversidad de esa zona es fascinante con una flora y fauna muy variada (palmeras, begonias, floripondios, cóndores, vizcachas, zorros…).

El-Gallo-en-el-Salkantay-w

Salvé la jornada con fuerza de voluntad y perseverancia aunque algunos compañeros lo pasaron peor y siguieron sufriendo los estragos del mal de altura hasta el punto de tener que alquilar un caballo.

Las dos últimas jornadas son más suaves y tranquilas. Aunque uno va acumulando kilómetros en sus piernas el camino se vuelve más plano. La tercera noche pernoctamos en Santa Teresa donde hay unas bellas aguas termales. ¡Mano de santo!

Viajaba con unos músicos canadienses. Devin el hermano del cantante del grupo llevaba dos años viajando, meditando… Un viajero a la vieja usanza. Al llegar al campamento cogió la guitarra de su hermano y, aunque él no es músico, se marcó una versión para el recuerdo, a pelo, del “Murder in The City” de los genuinos y fantásticos The Avett Brothers.

La cuarta noche la pasamos en esa ocasión en un hostal de Aguas Calientes. Ahí ya se percibe que no se está en lugar cualquiera. El imponente Machu Picchu se esconde al otro lado de las montañas que protegen y rodean ese turístico pueblo sin alma que valga.

¿Qué decir del Machu Picchu? Lo impresionante de este santuario es su ubicación y la magia que transmite ese fastuoso yacimiento arqueológico. Tiene merito que un lugar que uno conoce de memoria y con antelación, al menos a base de documentales y fotografías, te deje estupefacto, sin habla. Desde que el americano Hiram Birghan descubrió esas ruinas allá en 1911 no se ha parado de especular sobre la finalidad y objeto de Machu Picchu. ¿Fue un simple asentamiento, se ideó para preservar la cultura inca en el ocaso del imperio? Desconozco todos los detalles pero es indiscutible que el lugar se ideó y planificó al detalle. Otra cosa no, pero los incas no improvisaban y todo tenía su sentido. No hay que olvidar que fueron pioneros en urbanismo, siendo el Sol el elemento integral de su vida. Por ejemplo, cultivaban en función de los solsticios.

Me disculpareis pero no tiene sentido que os describa los diferentes y múltiples estancias de Machu Picchu. La lista sería interminable: baños termales, templos y palacios reales, la roca funeraria, la sacristía…

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Si vais por ahí, reservad con antelación un boleto para subir al Wayna Picchu. Las vistas desde arriba no tienen precio y se observa el pequeño Templo de la Luna. Cerrad los ojos, pensad, meditad, soñad, sonreíd…y luego volved a abrir los ojos y os daréis cuenta que os encontraréis ante un marco incomparable, sin parangón. Fue ahí donde por primera vez pensé que llevaba casi un año de trotamundos. Me vinieron a la mente mil recuerdos y me acordé de la frase de mi querido Héctor Alterio “¡La puta que vale la pena estar vivo!”

Daos tiempo, recorred sin prisas el lugar y La Gran Evasión os aconseja que os quedéis hasta la hora de cierre, cuando apenas ya hay turistas.

De vuelta a Cuzco, todavía con el escalofrió en el cuerpo, visité algunas de las ruinas arqueológicas cercanas a Cuzco. Tambomachay, Pukapukara, Q’enqo y la más conocida y espectacular: Saqsaywaman. Ahí se libró una de las batallas más atroces entre incas y “los conquistadores”. A pesar de las enormes fortificaciones de piedra, a tres niveles, los españoles aniquilaron a los incas y posteriormente utilizaron los cimientos del lugar para construir sus iglesias…

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No se puede finalizar una estancia en Cuzco sin visitar el imponente Valle Sagrado, uno de los más fértiles del país y atravesado por varios ríos como el Urubamba. Los ríos son para los incas el reflejo de la vía láctea. Dos lugares sobresalen sobre el resto. Pisac y la impronunciable Ollantaytambo.

Pisac alberga la fortaleza de Intihuatana (lugar donde se pone o amarra el sol). Hay muchas teorías pero una de ellas es que ahí vivieron astrólogos. La fortaleza está rodeada de terrazas orientadas de tal forma que cada una se encontraba a distintas temperaturas para favorecer los cultivos. Los incas no eran ingenuos y su mayor logro fue aunar el conocimiento existente y en cierto modo divinizarlo.

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Por su parte Ollantaytambo fue tanto un templo como una fortaleza. Cuesta imaginar y más aún comprender como pudieron construir esta fortificación y transportar las enormes piedras que conforman la villa.

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Se podría seguir hablando y escribiendo indefinidamente sobre el Imperio Inca, Cuzco y sus alrededores.

No dudéis en contactar con La Gran Evasión y explorar así un legado y una región sin igual.