Chile

Los misterios de Chiloé

Pablo Neruda evocaba a su país, en su hermoso poema Cuándo de Chile, de esta forma “ Oh, Chile, largo pétalo de mar y vino y nieve…”. La fisionomía de este espigado caballero de 4.270 km de largo y delgadito, con una anchura media de apenas 200 km, es singular y le dota de una identidad propia. Esta nación sudamericana esconde inmensidad de tesoros y recorrerla con calma requiere tiempo.

Chile se organiza administrativamente por regiones, numeradas de menor a mayor, de la más septentrional a la más meridional.

La Gran Evasión recorrió gran parte de su geografía quedándose enamorado de multitud de rincones, entre ellos Chiloé, situado en la Región X.                  

El archipiélago de Chiloé es, sin duda, un lugar con encanto y que no deja indiferente a nadie. Chiloé es una misteriosa isla que defiende su identidad propia y que alimenta un halo de misterio basado en fábulas y en el imaginar de sus gentes. Dice la leyenda que Chiloé era tierra firme y su fisonomía actual es fruto de la lucha entre Caicavilu (serpiente del mal y enemiga de la vida terrestre) y Tentenvilu (serpiente del bien). Afortunadamente, como suele ocurrir, ganaron los buenos y Tentenvilu salió pues airoso, evitando que Chiloé fuese inundada siendo el artífice que los cerros se convirtiesen en bellas islas. Sin lugar a dudas la fábula más famosa es la del Caleuche. Un barco fantasma, comandado por brujos, que se dedica al contrabando. El Caleuche navega tanto en superficie como bajo el agua pero ajeno a la luz del día. Para evitar ser capturado se transforma, cuando las circunstancias lo requieren, en roca, en un trozo de madera flotante, en alga etc.

Puerto-de-Ancud-w

No sé vosotros pero yo soy un defensor a ultranza de ese tipo de mitos y me lo creo. De lo contrario, ¿quién puede explicar lo siguiente? De camino a Castro, capital del archipiélago, cogí un autobús desde Valdivia. Son siete horas y medio de trayecto por lo que en un momento dado, era inevitable, me quedé dormido. Al despertar vi a todos los pasajeros en el bus. Nada anormal, salvo que el conductor conducía sobre el agua. Misterios de Chiloé. El bus fue remolcado por un barco, seguramente el Caleuche, y así llegamos a Ancud, puerta de entrada a la isla.

A llegar a Chiloé todo cambia. Para empezar el clima. La bruma y una lluvia fina dan la bienvenida al viajero. La entrada fue pues un tanto melancólica.  Encima  en el IPod de La Gran Evasión sonaba una de las voces más cautivadoras y misteriosas del panorama musical indie, Bonnie Prince Billy y su “Loves come to me”. ¡Momento mágico!

Durante toda la estancia en esa misteriosa isla, de apenas 50 kilómetros de ancho, La Gran Evasión fijó su base de operaciones en Castro. Desde ahí uno puede moverse con suma facilidad por el resto de la isla. El pueblo tiene su encanto y alberga una de las iglesias más icónicas y muestra del patrimonio chilota, San Francisco de Castro. Pero sin lugar a dudas la seña y toque distintivo son sus palafitos o casitas de madera elevadas sobre pilones. Castro está rodeado de palafitos. Poseen un aspecto descuidado, un tanto misterioso, pero siguen en pie y dan la bienvenida al visitante.

Palafitos-Castro-w

El primer día me dediqué a pasear por la ciudad y cuando llegó la hora de comer me dejé caer por la zona de la Feria Artesanal y del puerto. Mirando al mar hay unos cuantos palafitos convertidos en restaurantes o cocinerías como les llaman por allá. Salvo que se esté a dieta es aconsejable probar el curanto,  el plato típico de Chiloé, consiste en una mezcla no muy convencional de carne, chorizo, patata cocida y marisco. ¡Dinamita para los pollos!

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Cambiando de tema, durante esos días se celebraba la 8ª Edición del Festival de Cine Documental de Chiloé (FEDOCHI). Al final de cada jornada La Gran Evasión se dejaba caer por el centro cultural. Da gusto inyectarse una dosis de cultura de tanto en cuanto y suponía una excelente forma de aprender sobre la historia y costumbres chilenas. Uno de los trabajos que más me impactaron fue Sibila. Es la historia, filmada por su sobrina, de Sibila Arredondo, una chilena que se convirtió en una las cabecillas y cabezas pensantes del Sendero Luminoso peruano. Pasó 15 años en la cárcel.  Los testimonios de su familia (madre, hijas, sobrinos etc.) son escalofriantes pero otorgan un toque humano a este sorprendente documental.

Una excursión agradable es la islita de Quinchao, de fácil acceso y con pequeños pueblos con encanto. Visité Achao y la Iglesia de Santa María.  Con su estilo barroco es la más antigua y tiene la particularidad de mantenerse en pie con el envigado original. El resto del pueblo no vale tanto la pena pero en gran parte del año hay barcos diarios a varias islitas vecinas como Lingua, Quenac…

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Otro rincón con encanto es Quinchao. Para variar me volví a quedar medio traspuesto y  por poco me veo en el agua. Me levanté a tiempo y vi otra iglesia con vistas al mar, Nuestra Señora de Gracia. Si se está cansado de iglesias se puede parar en Curaco de Vélez y acercarse al acogedor y pequeñito museo del arte chilota. Al pasear, es imposible no percatarse del estilo de las casas, construidas con trocitos o tejitas de madera gruesa, lo que les da un aire de collage. Todo tiene su aquél y esta forma de construcción servía o sirve para aislar y combatir la humedad de las viviendas.

¿Qué sería de Chile sin reservas o parques naturales? Chiloé siempre ha defendido su propia identidad pero no es menos que el resto del país y alberga también su parque nacional. El de Chiloé se encuentra al borde del Pacífico. Es curioso ver tanta vegetación y de repente el vacio o fuerza del mar. Según parece ahí, en ocasiones, se puede contemplar una de las especies autóctonas de la isla: el zorro de Chiloé. No tuvimos suerte pero me quedo con la imagen de decenas de caballos salvajes “merendando” enfrente del mar.

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Otro de los atractivos de Chiloé son las colonias de pingüinos que se concentran especialmente en los alrededores de Ancud, con la particularidad, solo ocurre ahí, que conviven varios tipos como los de Magallanes y los de Humboldt. Las pinguineras de Puñihuil ofrecen excursiones de barco donde también se pueden avistar aves, leones marinos, nutrias del mar…

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¡Contacta con La Gran Evasión y podrás planificar tu viaje por este inmenso, estrechito, alargado y sobre todo fascinante rincón de Sudamérica! Chile esconde lugares de ensueño donde vivir una Gran Evasión sin parangón.