Bolivia

La magia del Salar de Uyuni

Sin lugar a dudas una de las atracciones de Sudamérica, por ende de Bolivia, es el Salar de Uyuni.

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Se trata de un lugar irreal en los tiempos modernos. Cuesta imaginar que con los estragos provocados por el cambio climático siga existiendo una superficie de sal de más de 12.000 km2. Encima, aunque sea poco, este salar se “estira” veinte metros al año. No es gran cosa pero al menos es prueba que resiste al tiempo y al paso de los turistas. No soy científico pero en la época prehistórica este lugar era un enorme mar. Posteriormente, las diferencias de desnivel formaron un gigante lago salado: el Munchin. Con el paso de los años y al secarse se crearon unos enormes salares, entre ellos el de Uyuni.

Tras algún que otro contratiempo logré embarcarme en un tour 4×4 de 4 días. Desde Tupiza es posible recorrer el lejano Suroeste y finalizar en el salar más grande del mundo.

El primer día, tras madrugar, La Gran Evasión se dirigió hacia Kollpani. Primera parada y posada de la ruta. Por el camino uno se topa con imponentes formaciones rocosas, afiladas y rojizas, en medio de dos valles: el Sillar.

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Tras atravesar este valle uno se dirige por una vasta planicie donde pueden observarse llamas, vicuñas. Este animal produce una lana de altísima calidad. Si alguien tiene la mala suerte, o la mala idea, de matarlo ya puede preparar la maleta para pasar tres añitos en la cárcel.

Al día siguiente, tras un “merecido descanso”, nos dirigimos hacia la Laguna Colorada, una de las atracciones de este viaje. El paisaje empieza a cambiar y se asemeja al altiplano. Durante esos días, ya fue mala suerte, un tramo estaba cortado porque dos aldeas (Quetena Chico y Quetena Grande. Los Villa Abajo y Vila Arriba de estos lares) reivindicaban un reparto más ecuánime de los dividendos que generan las excursiones a Uyuni. Esa gente defiende su parte del “pastel” en aras de ser quienes protegen el ecosistema y velan por la seguridad de los viajeros.

La Laguna Colorada es simplemente espectacular asemejándose a un gran lago de rojo arcilla que cambia de color e intensidad en función de la luz y del sol. La misma sirve de hospedaje a un conjunto de minerales que al marinarse entre ellos con tanta gracia conforman un marco incomparable. Al borde de la laguna uno se encuentra con cientos y cientos de flamencos rosas. No recordaba haber visto antes en persona a esta ave. Elegante, altiva e indiferente al trasiego de los turistas.

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Finalizamos la jornada visitando una cuenca de geiseres denominada Sol de Mañana. Al llegar se percibe el fuerte olor a azufre, mientras se pasea envuelto en una fumarola constante. El terreno es engañoso y me llevé el susto del día al pisar una zona húmeda y percatar mi pie, lleno de barro, en vías de ebullición. No pasó nada pero poco más y me veo recogiendo mis propias cenizas.

Durante el trayecto hasta el pie del Salar de Uyuni el paisaje se moldea y en esta tercera jornada parece que uno forma parte del Rally Dakar. El Dakar justamente se celebraba esos días y discurría cerca de donde nos encontrábamos, en la frontera con Chile. Nada más iniciar la jornada nos adentramos en pleno desierto de Silot donde pudimos ver un atípico árbol. Si ya es raro ver árboles en lugares tan inhóspitos y remotos, este era de piedra y consituye uno de los símbolos de este desierto. Después, al salir del mar de arena, visitamos varias lagunas donde de nuevo uno puede contemplar, si cabe desde más cerca, a los flamencos.

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De vuelta al coche, kilómetros y kilómetros en medio del vacío con la única compañía de alguna vicuña y alguna vizcacha. Por el camino pasamos cerca del Volcán Ollague, uno de los volcanes semiactivos que pueblan la zona.

Antes de finalizar la etapa se visita un pequeño salar, el de Chiquana, donde nos encontramos con una pareja que viajaban en una bici de tándem. Pedalear por esos paisajes sí que es una experiencia vital y me dieron ganas de emularles en el futuro. Bueno antes deberé aprender a reparar los pinchazos.

Hablando de experiencia, esa noche La Gran Evasión se hospedó en Villa Candelaria, en un hotel de sal. ¡Una maravilla! Las camas, las paredes, el suelo, las mesas, las sillas…todo es de ese mineral. Es surrealista andar descalzo encima de montañas, montañas de “cristales de sal”. Dormí feliz y expectante para poder visitar a la mañana siguiente el plato fuerte de cualquier viaje por Bolivia.

El Salar de Uyuni es desde mi punto de vista un lugar de visita obligada. Debería ser como la peregrinación a la Meca para los musulmanes. Al margen de credos, ideologías y gustos no creo que exista nadie en la faz de la tierra que no quede hipnotizado por su magia.

Al recorrer el salar parece que uno volase por encima de enormes baldosas de sal de forma hexagonal y octogonal. El cambio de temperatura y la combinación de gases provocaron grietas en el suelo, de ahí la aparición de estas enormes piezas.

Tengo que confesar que soy de buen dormir pero esa noche me costó conciliar el sueño. El tiempo amenazaba tormenta y si llueve mucho la superficie inicial, según parece, se vuelve mantecosa y existe riesgo de quedarse bloqueado.

Se cumplieron los malos augurios y a eso de las 3,30h de la madrugada llovió. Cuando abandonamos el hotel de sal, una hora más tarde el cielo ya no lloraba pero nos pillo agua de camino a la Isla de Incahuasi. De repente nos cruzamos con dos coches parados en mitad del camino. ¡No querían continuar! Por un momento La Gran Evasión temió por la continuación del viaje. Fue en gran medida gracias a la pericia de nuestro conductor que decidimos continuar ya que ejercitó todos sus sentidos, vio huellas donde no las había. El salar es inmenso y aquí no se usa el GPS por lo que es muy fácil perderse.

Con mucha pericia llegamos a Incahuasi, para algunos la Isla del Pescado, una colina en medio de ninguna parte cubierta por enormes cactus, algunos milenarios. Es un lugar estupendo para contemplar el amanecer. Desde arriba uno diría que tiene ante si un océano de oro blanco y puede darse cuenta de la talla del salar. De vez en cuando se distinguen pequeñas manchas que cruzan a toda pastilla por la pista.

Parar en medio del salar es una experiencia única, mística e inolvidable.

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¡Era el momento de jugar! Aunque no es así, este lugar parece ser fruto de la encarnación de un viejo mago. Ese mago creó un tal marco que cualquier truco es posible. El juego de perspectivas permitió que mi zapatilla posase en la palma de mi mano, que tuviese que escalar para subirme a mi fiel escudero, que en medio del salar me encontrase a unos bailarines que se sumaron a la fiesta, que uno toque casi el cielo, que aparezca de la nada una botella enorme de vino etc.

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Puede que, en resumidas cuentas, todo sea una fábula. Qué nada sea real y que Uyuni sea simplemente un oasis, fruto de mi imaginación. Fuese real o fuese un sueño, nunca olvidaré ese 6 de enero. ¿Sería mi regalo de Reyes? ¡Posiblemente!

Tras más de dos horas de ciencia ficción nos dirigimos hacia Colchani. En la orilla oriental, esa población y sus habitantes viven de la extracción de este mineral. Se avistan valientes y aguerridos trabajadores cargando a golpe de pala montones y montones de sal en camiones.

De regreso a Uyuni, antes de finalizar el tour, visitamos una chatarrería o mejor dicho el cementerio de trenes. En su día estos gigantes de vapor eran utilizados para el transporte de sal y de pasajeros. Hoy estos “monstruos” descansan ajenos al flash de los turistas.

No creo que exista pluma en este mundo que pueda narrar con acierto la belleza del Salar. En cualquier caso no soy yo el más indicado. ¡Ni mucho menos! De todos modos, aunque suene a tópico, el Salar de Uyuni es misterioso, hermoso, acogedor, silencioso, humilde, tímido y, a fin de cuentas, maravilloso y mágico.

Este tour fue como una road movie. Paisajes espectaculares, carretera, manta y mucha música. Desde que empecé mi viaje tenía claro que si llegaba ahí iba a escuchar una canción de Band of Horses. El Salar de Uyuni es “The Great Salt Lake”. Se me sigue poniendo la piel de gallina al escuchar esta canción y recordar el viaje.

¡Descubre esta maravilla de país! ¡Contacta con La Gran Evasión y disfruta de Bolivia!