Argentina

Buenos Aires: bostera y castiza

Las grandes ciudades, Buenos Aires lo es, hay que vivirlas tanto de día como de noche, sufrirlas, caminarlas, sentirlas, olerlas, comerlas, bebérselas…Si eligiésemos una misma ciudad y pensásemos en qué nos evoca el resultado sería siempre distinto.. El Buenos Aires de La Gran Evasión, o la idea y recuerdos de esta maravillosa y frenética urbe, se puede resumir en dos palabras: bostera y castiza.

En Argentina el fútbol es una religión, una forma de vida y en Buenos Aires si cabe más. Ahí conviven, por cierto no de la mejor manera, muchos equipos: Vélez, San Lorenzo, Tigre, Estudiantes, Gimnasia pero la mayoría o son gallinas o bosteros. Soy claramente fan de Boca y por lo tanto bostero.

Castizo es un término que de primeras se podría asociar a Madrid. Quien conozca Buenos Aires estará de acuerdo que tiene un lado o aire castizo. Me recuerda mucho, mucho a Madrid.

Buenos Aires, capital de Argentina, como veréis es fabulosa y posee muchas caras. Es, en cierto modo, una ciudad “travesti” y cada uno puede encontrar lo que busca o lo que le gusta. La Gran Evasión se quedó especialmente prendada por dos barrios. La Boca (cuna de los bosteros) y San Telmo (bohemio, castizo y canalla). De todos modos cada barrio tiene algo.

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El área metropolitana de Buenos Aires es un mundo en sí mismo, que engloba a más de 10 millones de almas. La diversidad, multiculturalidad y el frenesí está asegurado. Se conforma por más de 48 barrios y sus límites serian el Rio de la Plata y el Riachuelo (Este y Sur) y la Avenida General Paz que bordea la Metrópolis de Norte a Oeste.

La historia de la Reina de la Plata va ligada a los españoles y a los Frailes. El primer asentamiento data de 1536 bajo la batuta de Pedro de Mendoza. Los Querandíes, indígenas de estos lares, nos echaron con criterio en 1537. La ciudad pasó por muchas manos entre ellas inglesas allá por 1806. Ahora el capo y Jefe de Gobierno es un bostero muy discutido, Mauricio Macri. Hablando de política, cuando La Gran Evasión visitó el país el panorama andaba calentito con la Ley de Medios y en particular la lucha abierta entre el diario Clarín y Cristina Kirchner.

La Gran Evasión os invita a recorrer algunos rincones de esta bella ciudad, la Reina de la Plata.

La Boca: Barrio obrero por antonomasia, es la entrada del Riachuelo y en su día fue cuna de astilleros, saladeros… y más tarde acogió a pintores, músicos… La Boca es canalla, peligrosa si no se va con ojo, bohemia y como os decía cuna de artistas. Dos de los más grandes: Benito Quinquela y Maradona. Este binomio se puede extrapolar a los dos emblemas del barrio. El Caminito y la Bombonera.

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El Caminito es un pintoresco paseo peatonal con coloridas casitas de metal. Posiblemente la imagen de postal de Buenos Aires junto al Obelisco.

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¡Qué decir del estadio más famoso del mundo! (ni Maracaná, ni Wembley ni el Bernabéu ni el Calderón). La pasión del fútbol no se vive igual en ninguna otra cancha como la de Boca Juniors. Nunca un estadio tan pequeño y austero transmitió tanta energía. El barrio vive y gira en torno a su equipo. Las calles colindantes están pintadas con los colores xeneixes, murales con la cara del genio… El Museo de Boca es curioso. Trofeos de todo tipo, camisas antiguas, fotos de todos los jugadores que debutaron. Entre ellos Gati, Diego, Palermo, Riquelme, Tévez…La Gran Evasión se convirtió en Barra Brava y posó en el fondo.

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Desgraciadamente el Torneo Clausura finalizó y hasta enero no había fútbol. Mala suerte pero no podía irme sin ver rugir a la Bombonera. Boca sería el equivalente en Madrid del Atleti y como no tuvo que ser un colchonero (vale junto a un culé) quien hiciera rugir a la Bombonera. Fui testigo del concierto de fin de gira “Dos Pájaros” (véase Serrat y Sabina). El poder asistir a un concierto en Argentina, sea cual sea, representa una experiencia extraordinaria y más en el campo de Boca. Para que veáis la clase de los bosteros. Ese día en el campo de River cantaba Madona, mientras Serrat y Sabina reventaban la Bombonera.

Ir pues a la Boca pero cuidado de noche. Un servidor estuvo ahí, por causa mayor, de madrugada. Ni la policía para. Menos mal que tras el concierto éramos mucho esperando el bus. Tardó un mundo en llegar y entre medias vimos un aparatoso accidente de moto. Lo dicho ni la policía paraba.

San Telmo: Tango, adoquines, patios con aljibes, tiendas de antigüedades, cafés de bohemia o de la izquierda de caviar. Me sentí como en La Latina. Queda cerca del centro, de la Plaza de Mayo. Al bajar por la calle Defensa se palpa el alma de este barrio. Al vivir cerca del Rastro estoy forzosamente acostumbrado a los mercadillos. En cualquier caso, el Mercado de San Telmo es de visita obligada. Dominguero como el Rastro, dura sin embargo todo el día, todavía no ha perdido su alma y es más auténtico que su hermano madrileño.

Viajar es apasionante pero llevaba casi 10 meses soñando con un día como este. Cerrad los ojos. Domingo, ambiente de mercado, café, periódico, dominical de El País, cervecita o vermut (dígase Fernet), restaurante o casa de comida casera dirigida por una adorable anciana. Todo esto es mi Madrid, mi San Telmo, mi Buenos Aires, mi La Latina, mi domingo. ¡Cómo se disfruta de la lectura de la prensa viendo pasar la gente y con un Fernet bien cargado!

Puerto Madero: Zona portuaria de Buenos Aires, renovada y cuna ahora de nuevos ricos y gente de orden. Yates, gomina, gente con perritos o perritas, bares de precios abusivos y un monitor de plasma para que viese como un tal Messi metía una vez más un gol al equipo de mis amores. Ni eso me fastidió el domingo.

Palermo: Palermo propiamente dicho gira alrededor de la Plaza de Italia y es uno de los pulmones de Buenos Aires ya que alberga el zoo, el jardín botánico, el jardín japonés, el parque 3 de febrero con su estupendo Rosedal etc. Las comparaciones son inevitables. Se respira el mismo ambiente en este parque bonaerense que en el Retiro.

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Palermo Viejo se extiende al otro lado de la Plaza de Italia en torno a la calle Borges y se ha convertido en la zona de moda de Buenos Aires. Ahí se encuentran algunas de las boutiques más exclusivas y fashion de la ciudad.

Microcentro: Corazón de la ciudad, arteria cultural y de los espectáculos que alberga muchos edificios históricos. Decidí alojarme en el Hostal Portal de Sur en la calle Hipólito Yrigoyen, perpendicular a Piedras. Se trata de un amplio y acogedor hostal, más o menos barato si regateáis precios y que queda cerca de todo.

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Como os decía el Microcentro es sede de muchos edificios históricos, neoclásicos y con un cierto aire europeo. Uno de los símbolos es la Plaza de Mayo y por otros motivos la Casa Rosada. Un lugar para mí con encanto es la Manzana de la Luces. A quienes les guste el ajetreo de una calle peatonal y de compras vuestro lugar es la incombustible calle Florida (cambia de nombre a Perú). Al sur se encuentra la Avenida Corrientes. Repleta de librerías antiguas y teatros como el Gran Rex.

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La Gran Evasión os anima a comprar libros, ir al cine, probar la que para muchos sea la mejor pizza de Buenos Aires en la siempre abarrotada pizzería Guerrín. Cerca de ahí está el Cuartito con un ambiente más diverso y porteño.

Una imagen sin igual de Buenos Aires es el atardecer o anochecer con el Obelisco de fondo.

La oferta en este rincón de Buenos Aires es pues variada pero caminad, caminad, caminad y sobre todo curiosead por el centro.

Recoleta: El nombre de este barrio deriva del Convento de los Fraile Recoletos que llegaron allá ya hace tiempo. Hoy en día es cuna de los aristócratas. En serio es un barrio con encanto. Aunque a un servidor le costó decantarse ya que no es grato entrar en un cementerio, La Gran Evasión os recomienda hacer un esfuerzo y entrar en el de la Recoleta. La tumba de Evita es lo de menos ya que el cementerio en sí mismo es un museo de esculturas y relieves.

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Perdeos por el barrio y si tenéis tiempo ir hasta la Plaza Miserere. Andando vale la pena pero aviso que es un buen trecho.

La Once: Barrio multicultural, lleno de pequeñas tiendas y en cierto modo considerado como el barrio judío. Me costó ubicar el barrio y a la comunidad judía. Pregunté a un tachero, como se conocen ahí a los taxistas, y me dijo “Che, me mataaaas.” Le cuento que según parece debe haber una zona conocida como el barrio judío. El poeta me suelta con cara de mafioso y antisemita “yo les veo de vez en cuando por la Once”. ¡Sin comentarios!

Buenos Aires podría ser esto pero es mucho, mucho más. Esta ciudad cautiva a cualquiera. Os invito a formar vuestra imagen de Buenos Aires. La de La Gran Evasión, aunque suene a tópico, es bostera y castiza.

¡Contactad con La Gran Evasión y os ayudaremos a planificar vuestra Gran Evasión por Buenos Aires y el resto de este envolvente país.”