Sudán

Darfur: viaje al corazón de un conflicto sin respuestas

La labor de los trabajadores humanitarios es la misma en cualquier lugar del planeta, prestar asistencia a las poblaciones afectadas por un conflicto o por desastres.

Los cooperantes desempeñan sus tareas de forma anónima, profesional y sobre la base de los principios humanitarios de humanidad, neutralidad, imparcialidad, independencia, universalidad. En ocasiones las actividades de las organizaciones humanitarias se convierten del día a la mañana en actualidad, siendo portada de periódicos y telediarios del mundo entero. Este repentino interés colectivo pronto se desinfla ante el auge de noticias más lucrativas. El cooperante y los actores humanitarios vuelven a su rutina, anonimato y las poblaciones afectadas, principales protagonistas, quedan nuevamente en el olvido.

Uno de los paradigmas de esta implacable realidad fue y es la crisis humanitaria de Darfur. En 2004, esta región del extremo occidental de Sudán, del tamaño de España, atrajo la atención mediática y de la sociedad. Sin embargo este conflicto no nació hace 10 años y hoy en día sigue causando el desplazamiento masivo de la población. Según fuentes recientes de Naciones Unidas, 3.9 millones de personas requieren asistencia humanitaria, incluyendo a 2.4 millones de desplazados internos.

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El conflicto en Darfur no puede circunscribirse a enfrentamientos étnicos entre “árabes” y “africanos” o a tensiones de naturaleza cultural y religiosa. Algunos investigadores van más allá e identifican la verdadera causa como de índole socio-económica y política.

Su ubicación, limítrofe con países como Libia, Chad y República Centroafricana y más recientemente el nuevo Sur Sudán, explica que la zona haya jugado un papel clave en las rivalidades interestatales, convirtiéndose en un campo de batalla. Gadafi sin ir más lejos utilizó ya en los setenta a grupos rebeldes darfuríes para intentar crear un cinturón árabe en el norte de África y derrocar al régimen chadiano de Habré.

A nivel nacional Darfur ha sido y es reiteradamente marginada desde Jartum. En 1984, por ejemplo, el entonces presidente Numeiry hizo oídos sordos a las peticiones de ayuda ante la amenaza de una hambruna. Esto, unido a la retirada de la ayuda alimentaria por parte de Estados Unidos un año más tarde, provocó que Darfur sufriese una gran crisis alimentaria que se cobró la vida de 95.00 darfuríes.

Del mismo modo son notorias las tensiones por el reparto y propiedad de las tierras entre tribus nómadas y sedentarias, pastores y agricultores.

La primera explosión de violencia tuvo lugar entre 1985 y 1989. Árabes armados atacaron a los pueblos fur, provocando así el desplazamiento forzoso de la población. En cuatro años, el conflicto sesgó la vida de 9.000 darfuríes. Entre tanto el gobierno central permanecía de nuevo indiferente. Falta de voluntad y falta de control.

Un nombre propio está asociado al conflicto sudanés. Los yanyauid. Originariamente se conocía así a los bandidos a caballo que actuaban en la región pero es más riguroso definirles como milicias locales armadas, apoyadas por el gobierno de Sudán.

Ante tal escenario, ¿quién quiere viajar a Darfur? La respuesta podría tener un efecto boomerang ¿Y por qué no?. Allá por los setenta aventureros como Ted Simon, intrépido y pionero viajero en moto, recorrieron este país africano.

En 2008, trabajaba como técnico en acción humanitario en el seno de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). El objetivo en mi caso era dar seguimiento y evaluar las actuaciones de la Cooperación Española.

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Tras semanas de planificación, infinidad de gestiones conseguimos viajar al terreno. Estas dificultades son insignificantes comparado con los trabas diarias que sufren las organizaciones humanitarias: impedimentos burocráticos que impiden desarrollar el trabajo y prestar ayuda, problemas de seguridad, violación del espacio humanitario….Todo ello unido a las exiguas infraestructuras convierten el trabajo de los actores humanitarios en una odisea y solo alcance de organizaciones con gran capacidad operativa y logística.

Sobrevolar Darfur es sobrecogedor. El paisaje es desolador, carente de vegetación y solo se avista un enorme y profundo océano de arena. Al aterrizar en El Fasher, capital de Darfur Norte, no cabe duda. Uno se encuentra en un contexto humanitario. En el propio aeropuerto se observa ya el trasiego de vehículos humanitarios, todos perfectamente identificados con los correspondientes distintivos. La calma chicha que parece inundar las calles no oculta que estamos ante una región convertida en un polvorín de violencia, donde el acceso a las operaciones humanitarias está restringido y existe un toque de queda.

De la mano de Cruz Roja Española visitamos el campo de Zam Zam, a 12 km de El Fasher. Entrar supone adentrarse en una “ciudad” de 48.000 desplazados, que apoyan mayoritariamente a una de las facciones del Ejercito de Liberación de Sudán (ELS). Los desplazados internos viven atrapados en un “compound” de tiendas de campañas y chamizo. La Cruz Roja aseguraba la gestión ordinaria del mismo encargándose entre otras cosas del registro de llegadas, de reunirse con los líderes comunitarios etc.

Nuestra visita coincidió con la distribución de alimentos del Programa Mundial de Alimentos (PMA), mientras las mujeres ataviadas con coloridos “thobes”, aguardan impacientes su turno, cartilla de ración en mano, para recoger su único sustento.

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Cerca de El Fasher se encuentra otro campo histórico, el de Abushouk. A pesar que el gobierno promovía el retorno de los desplazados a sus lugares de origen, la realidad era bien distinta. Tal como confirman los “omdas”, lideres comunitarios, las condiciones de seguridad imposibilitaban tal medida y el gobierno no estipulaba compensación alguna por retornar.

Junto al personal de la ONG española Acción contra el Hambre (ACH) pudimos visitar el Centro Terapéutico Nutricional de Abushouk, siendo testigos de las diferentes fases de tratamiento y del enfoque integral que ACH otorga a sus intervenciones.

La siguiente etapa de nuestra misión fue Nyala, en Darfur Sur. Tan solo en este estado y durante los meses previos a nuestra visita, se contabilizaron 325.000 desplazados.

Bordeando el lecho del río Wadi Bulden, seco en esa época, al otro lado de una destartalada vía del ferrocarril se encuentran los campos de Kalama y el de Bielel. Este último, de población mayoritariamente Denka, cuenta con una clínica de atención primaria de salud y centros de hidratación oral para identificar casos de cólera.

Nuestra misión finalizó en El Geneina, Darfur Oeste. Esta zona del país acoge a más de 20 tribus de las cuales las mayoritarias son: masalat, árabes y fur. La fisonomía del paisaje no cambia en demasía con respecto al resto de la región. Una sensación desoladora, de vació nos invade mientras nos desplazamos por enormes extensiones de terreno árido y polvoriento. Al igual que en el resto de Darfur aquí se ha producido una atomización de los grupos rebeldes, que atacan aldeas y causan numerosos focos de inseguridad. El insuficiente despliegue la Operación Híbrida de la Unión Africana y Naciones Unidas en Darfur (UNAMID) no contribuye a la estabilidad del contexto.

A lo largo de nuestra estancia pudimos ser testigos de la labor de Save the Children en el campo de Krinding I, que da cabida a unos 22.000 desplazados pertenecientes principalmente a las tribus Messalite y Borgo. Esta ONG lleva adelante proyectos de protección de niños, asistencia sanitaria, agua y saneamiento y nutricional y programas ocupacionales voluntario para mujeres del campo que permite el empoderamiento de las mismas.

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La puesta en marcha de operaciones en Darfur representa un desafío logístico sin precedentes. El PMA asegura en gran medida el almacenamiento, transporte y distribución de alimentos. Uno sus principales almacenes en la región se encuentra en Darfur Oeste, con capacidad para 28.000 toneladas de alimentos tales como el sorgo, maíz, trigo, CBS… La volatilidad del contexto dificulta el transporte y distribución de la ayuda, afrontando las organizaciones humanitarias continuos ataques a los convoy.

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Mientras abandonamos Darfur me viene a la mente la imagen de los niños. Ajenos a todo juegan alegres y despreocupados. ¿Se harán preguntas? ¿Tenemos respuestas?

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Desgraciadamente pasan los años, disminuye la atención de los medios y la comunidad internacional pero lo que no deja de crecer es la incertidumbre por el futuro de Darfur. El Acuerdo de Paz de Darfur (ADP) suscrito en mayo de 2006 entre el Gobierno de Sudán y una facción del ELS se reveló insuficiente e ineficaz. Entre otras cosas por no contar con el acuerdo de todos los beligerantes.

Diez años desde la eclosión en los medios del conflicto en Darfur, no hay soluciones. Los requerimientos de ayuda crecen, las contribuciones de los donantes humanitarios disminuyen, aumentan el número de personas que necesitan asistencia humanitaria y sigue produciéndose el desplazamiento masivos de la población, desgraciadamente acostumbrada y resignada a vivir marginada , sin esperanza real de progreso.

Con retrospectiva, viajar al corazón de Darfur permite entender un poco mejor la realidad de un conflicto latente, que sigue causando estragos y el desplazamiento de cerca de 380.00 personas en lo que va de año.

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