Mozambique

Ilha de Moçambique: reminiscencias del pasado 

Un ejercicio estimulante y evocador cuando se descubre un rincón fascinante es retrotraerse en el tiempo e intentar ponerse en la piel de las primeras personas que llegaron a ese lugar.

Allá por 1498, el explorador y navegante Vasco da Gama desembarcó por Ilha de Moçambique y tuvo que quedarse perplejo y maravillado por este idílico lugar. Es cierto que el aventurero portugués no arribó de turismo sino a hacer “negocio” de camino por la ruta comercial a la India. El lugar se transformó en un enclave comercial y los portugueses se asentaron ahí en 1507. El apogeo de Ilha fue tal que se convirtió en la capital de África Oriental Portuguesa, antes de la que misma se transfiriese siglos después, a finales del XIX, a Lourenço Marques, la actual Maputo.

Ilha de Moçambique

Esta isla pronto fue un punto estratégico y acogió a gente de muy diversa procedencia, convirtiéndose en un crisol de culturas y de influencia árabe, india etc.

Vasco de Gama arribó ahí por allende los mares. La Gran Evasión, por su parte, se “embarcó” en una chapa, los minibuses locales, y viajó por carretera desde Nampula, apenas tres horas de trayecto. La isla está conectada con el continente por un largo puente. Nada más adentrarse uno se da de cuenta de que, por arte de magia, se encuentra en un lugar atemporal.

Personalmente, en contra de los escépticos, doy fe que las maquinas para retrotraerse en el tiempo y volver al pasado existen. De lo contrario no se explican las reminiscencias al pasado colonial, a la etapa portuguesa.

Esta singular localidad fue declarada Patrimonio Mundial de la UNESCO y tiene todos los elementos necesarios convencer al viajero para que, sin excepción, quiera quedarse más tiempo que el inicialmente previsto. En eso consiste la magia de estos enclaves.

Ilha, a pesar de su pequeño tamaño, tiene varias caras. Básicamente dos: Makuti y la ciudad de piedra.

Makuti es si cabe más desenfada y popular. Por las tardes, después de una merecida y necesaria siesta, abandonábamos nuestro “refugio” y acudíamos a esta parte de la ciudad. Paseando por sus angostos callejones se percibe el alma y el quehacer de este rincón de Mozambique. Los niños juegan con cualquier artilugio, agudizando su ingenio para divertirse, las chicas comentan risueñas sus novedades, las mujeres canturrean mientras algunos hombres juegan a las damas apostando sus meticales etc. Lo que es realmente curioso es contemplar a mujeres y niñas con la cara embadurnada de blanco. Esta práctica habitual tiene por fin suavizar la piel. Las mascarillas protectoras que portan con gracia están elaboradas con productos naturales como las raíces de musiro.

La Gran Evasión en Makuti

En la “ciudad de piedra” es donde se percibe mejor el legado de la época colonial. El símbolo de aquellos tiempos no es otro que el Fuerte de Sao Sebastio, el más antiguo de la región, situado en el noreste de la isla. Es un lugar imponente desde el cual se controlaba todo el tráfico marítimo y se protegía la ciudad. Los amantes de la historia se encontraran como peces en el agua paseando por la ciudad de piedra, visitando las iglesias, el palacio y antigua residencia del gobernador y sobre todo recordando cómo era la vida en la etapa de esplendor de esta antigua colonia portuguesa.

La-Gran-Evasion-en-el-Fuerte-de-Sao-Sebastio-w

El pasado es parte del futuro. No se puede comprender las cosas sin conocer los orígenes y sin ponernos en la piel de aquellos que nos predecedieron. Este lugar, de obligada visita, es ideal para ello.

Calles-de-la-ciudad-de-piedra-w

En cualquier momento del día se debe hacer un alto y resguardarse de los estragos del calor en alguno de los coquetos cafés y restaurantes que pueblan las callejuelas y plazas de Ilha. El mestizaje étnico de este lugar se nota en la diversidad gastronómica. La oferta no es escasa: pescadito, curry, arroz con coco y variedad de platos cocinados con especies que recuerdan a la India. No faltan tampoco las especialidades locales como la matapa.

En otro orden de cosas, normalmente cuando viajo no doy mucha importancia a los alojamientos. La tiene y reconozco pues que es un defecto personal. Sin embargo al toparse con un hostal como el Patio dos Quintalinhos pronto se cambia el chip y se agradece sentirse como en casa. Unos viajeros nos recomendaron a mí y a Alejandra esta casa de huéspedes regentadas por Gabriele. Un italiano que luchó por sus sueños, se enamoró de una mozambiqueña y poco a poco, trabajando hasta de conductor clandestino, montó el lugar con más encanto, personal, único en términos de calidad precio, de la isla. La posada se ubica enfrente de la mezquita verde. A pesar de ello es un lugar tranquilo , con un trato exquisito , y en definitiva perfecto para descansar. Dispone de habitaciones de ensueño y una terracita con vistas al océano

Recuerdo con agrado aquellas tertulias en la terraza. En aquella época coincidimos con Antonio, un fotógrafo andaluz que estaba preparando una exposición sobre las islas africanas de origen portugués. En particular se focalizaba en enfatizar los tonos azules del mar.

Siguiendo los consejos de Antonio y Gabriele nos fuimos un día en barca, las dhow, a comprobar si los azules eran tan “irreales” como nos decían. ¡Estaban en lo cierto! El azul celeste, mar, turquesa, verdoso combina a la perfección con el reflejo de la luz en el agua.

La-Gran-Evasion-en-dhow-w

Ilha de Moçambique está rodeada de bellas playas como las de Chocas, prácticamente desérticas. Una de ellas estaba “custodiada” por un farero como a la antigua usanza. Por el camino, mientras se pasea por las arenas se ven a mujeres marismando con sus coloridas capulanas.

Playas de ilha de Moçambique

La Gran Evasión os invita y casi exige que hagáis vuestra maleta y descubráis este fantástico lugar y este increíble país. Más discreto y menos conocido que sus vecinos pero igual o más interesante y genuino que el resto.

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